martes, 16 de octubre de 2012

lunes, 15 de octubre de 2012

Oh?

Todo el mundo pensó que estaba muerta. Acostada sobre la cama, con la barriga apuntando al cielo, las piernas estiradas y abiertas, un brazo a cada lado de la cabeza... Era una perfeca equis sobre la colcha azul. Una consonante muda con los ojos cerrados y los labios partidos en una mini u. El pelo libre aquí y allá. Sobre la frente. Formando cadencias en los hombros, perdido alrededor de las orejas.

Y mientras que el mundo, ensombrecido en ignorancia y perdido de imaginación, le juntaba flores para enterrarla en el patio de atrás, ella ya se había ido...

Andaba feliz, flotando boca arriba en su lago preferido. Lejos de todos y más viva que nunca.





Ilustración 
por Vero Gatti

miércoles, 10 de octubre de 2012

Por ejemplo

Los tiempos violentos siempre son reconocibles por un cierto halo de belleza...

...Como la muerte de un árbol, por ejemplo.
¿habrá algo más lindo que el otoño?.

Ilustración de Alberto Cerriteño


martes, 25 de septiembre de 2012

Oscar

Oscar es el pez más aburrido del mundo. Se pasa las mañanas, las tardes y las noches flotando entre aguas purificadas; su acuario estilo shabby tiene piedritas de colores, algas sintéticas y una concha que bota burbujas cada diez minutos.

Tiene la mala costumbre de estrellarse todos los días contra el vidrio, en sus intentos de nadar por los pasillos de la casa. Él no sabe que los peces no pueden volar.

Es un pez sin dignidad que asoma la geta por el borde del cristal cada vez que una mano aparece para tirarle bolitas de comida.

Oscar fue capturado cuando los mamiferos dominaron la tierra, es un prisionero de guerra que ha perdido la esperanza de volver al rio. Y es por ende y por último, un animal muy triste.

Irónico. A Oscar lo compraron con la idea de divertir a la famila.




domingo, 16 de septiembre de 2012

El Ratón de Biblioteca

Era una vez en la sección de literatura moderna, que en un estante olvidado, habitaba Mauricio, el ratón de biblioteca...

***
Siendo como era, el hijo menor de una ratona carroñera, fue toda una sorpresa cuando un día cualquiera, en plena expedición por las canecas de la basura, Mauricio anunció que quería ser un ¡roedor intelectual!.

De sus ocho hermanos, seis pusieron el grito en el cielo y los otros dos, presas de un gran aturdimiento, se dieron sin saberlo a las garras de un gato pendenciero.

Por su parte, la madre ratona habiéndo perdido ya a dos de sus retoños, decidió dar por terminado el sacrificio y ceder por fin a las aspiraciones de Mauricio. Fue así como con llanto en los bigotes y a pesar de su poca convicción, persignó a su ratón más chiquitico y lo mandó a vivir en la biblioteca.

Los días posteriores a la mudanza fueron desde la perspectiva de Mauricio una experiencia hilarante. Se dedicó a recorrer los pisos de marmol y a visitar las estanterías repletas de libros de todas las épocas. De repente el mundo parecía un lugar más amable, donde los ratones también podían ser letrados.

Pero como no todas las historias de superación son exitosas, después de haber admirado portadas, pisapapeles y separadores, se reveló una circunstancia que cambiaría radicalmente el curso de este cuento: ¡Mauricio no sabía leer! y lo que es peor, nadie en esos iluminados pasillos, tan bastos en sabiduría, tendría la delicadeza de atender las necesidades educativas de un 'Mickey Mouse' analfabeta.

Mauricio nunca volvió a los basureros. En vez de eso, fue un ignorante vivendo entre libros, consolado por la certeza de estar, al menos, rodeado de conocimientos...

Por eso, este cuento se llama el ratón de biblioteca y no el ratón bibliotecario, porque nunca este mundo (tan a menudo excluyente) ha conocido un ratón que sepa leer y escribir.


M.
Antes que pensar en finales felices para seres extraordinarios, habría que mejorar las políticas de educación. ¡Y que vivan las oportunidades!

lunes, 10 de septiembre de 2012

martes, 4 de septiembre de 2012

El único consuelo para tanta frustración es seguir en la nulidad, viviendo a punta de lengüetazos. Acurrucarse en el mismo sofá de todos los días y acomodarse la bigotera entre siesta y siesta. Y mirar por la ventana de vez en cuando, tratando de encontrar la lujuria perdida hasta en los pelitos de pasto.

Así se pasa los días Mr Pelusa, el gato castrado.